Por Qué el Entrenamiento Fortalece o Debilita tus Células

Por Joel Comiskey, Cómo ser un gran entrenador de grupos celulares

Una de mis películas favoritas es Carros de Fuego . Narra la apasionante historia real de dos corredores olímpicos, Eric Liddell y Harold Abrahams, y su búsqueda del oro en los Juegos Olímpicos de París de 1924. Ambos eran intensos y sumamente competitivos. Sin embargo, sus motivaciones y temperamentos no podían ser más diferentes.

Lo que más me fascina es el papel que desempeñaron otros en su preparación para el éxito. Abrahams contrató al legendario Sam Mussabini para mejorar su velocidad y ayudarle a canalizar su intensa ambición competitiva.

Liddell también estuvo rodeado de personas que lo animaron y fortalecieron en su búsqueda de la excelencia, manteniendo firme su convicción principal: correr para la gloria de Dios, no para el reconocimiento personal. Ambos cruzaron la meta como campeones olímpicos, y ambos se beneficiaron del apoyo de quienes los prepararon y fortalecieron para la carrera.

La dinámica que observamos en Liddell y Abrahams no es exclusiva del ámbito deportivo; las Escrituras muestran el mismo patrón en el liderazgo espiritual.

Entrenamiento en las Escrituras

Las Escrituras están repletas de ejemplos de relaciones que ilustran lo que hoy llamamos mentoría. Jetro guió a Moisés en el desierto, animándolo, señalando sus puntos débiles y ayudándolo a reorganizar a Israel en grupos de decenas, cincuenta, cientos y miles (Éxodo 18). Bernabé acompañó a Pablo con aliento y colaboración (Hechos 9, 11, 13). Elías preparó a Eliseo para asumir con confianza su llamado profético.

No se trataba de momentos de mentoría fortuitos, sino de relaciones intencionales y formativas. Si bien Jesús modeló el discipulado principalmente en un contexto grupal, las Escrituras reflejan bien la dinámica individual a través del concepto de acompañamiento: acompañar a un líder para ofrecerle aliento, apoyo y una perspectiva renovada.

Entrenamiento en la Iglesia Celular

El mismo principio se aplica al ministerio celular. David Yonggi Cho, pionero del movimiento moderno de iglesias celulares, lo expresó claramente: “El rol más importante en el ministerio celular es el del líder de sección (entrenador/supervisor)”. Cho comprendió que los líderes celulares prosperan cuando alguien los acompaña, animándolos, desarrollándolos, cuidándolos y elaborando estrategias junto a ellos. Los líderes que se quedan solos rara vez tienen éxito a largo plazo.

La investigación doctoral de Jim Egli, que encuestó a 3000 líderes de células en 20 países, llegó a la misma conclusión: “La capacitación de calidad para los líderes de células fue el factor más importante para establecer un sistema de células exitoso”. De todas las variables que Egli analizó, la capacitación resultó ser la más importante.

Lo que Dios mostró en las Escrituras a través de las relaciones personales es precisamente lo que los líderes de células necesitan hoy en día.

Priorizar al entrenador/supervisor

Entonces, ¿cómo priorizamos el entrenamiento?

En primer lugar, debemos formar continuamente a líderes para que se conviertan en entrenadores/supervisores; la necesidad de nuevos entrenadores nunca cesa.

En segundo lugar, debemos ayudar a los pastores principales y a los equipos de liderazgo a comprender por qué el acompañamiento es importante y por qué merece una inversión deliberada. Muchas iglesias dan por sentado que los líderes se las arreglarán solos, pero el aislamiento es una de las maneras más seguras de frenar el crecimiento. Sin acompañamiento, incluso los líderes talentosos terminan estancándose, desanimándose o alejándose de la visión de la iglesia.

Este septiembre, exploraremos cómo las iglesias pueden priorizar el acompañamiento pastoral, no solo creando una estructura más formal, sino formando a mentores que se preocupen por los líderes, sepan escuchar, hagan las preguntas adecuadas y tengan presente el crecimiento personal. Si las células sanas dependen de líderes sanos, los líderes sanos necesitan a alguien que los acompañe.

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Esto es lo que cubriremos:

  • Del 6 al 12 de septiembre: Razones bíblicas para un entrenamiento celular.
    Las Escrituras muestran repetidamente el poder de acompañar a otros, desde Jetró y Moisés hasta Elías y Eliseo, Pablo y Bernabé, y en última instancia nos señalan al Espíritu Santo, nuestro divino Ayudador que guía y fortalece a los creyentes.
  • Del 13 al 19 de septiembre: Cómo ser entrenador/supervisor.
    Escuchar y hacer preguntas constituyen la base del entrenamiento. Los entrenadores/supervisores eficaces descubren las necesidades de los líderes en lugar de simplemente enseñar o hablar.
  • Del 20 al 26 de septiembre: Cuidado y amistad.
    El entrenamiento relacional es esencial. Algunas estructuras de entrenamiento hacen hincapié en los resultados, pero el entrenamiento bíblico comienza con una amistad que genera confianza.
  • Del 27 de septiembre al 3 de octubre: Planificando la formación de discípulos.
    El objetivo del ministerio celular es formar discípulos que a su vez formen a otros discípulos. Los mentores ayudan a los líderes a identificar a los líderes potenciales, se aseguran de que todos estén capacitados, enfatizan la importancia de la comunicación y transmiten una visión para la multiplicación.