By Joel Comiskey, The Relational Disciple
A number of years ago, I was leading a small group that I felt was going very well. My wife and I were growing in our relationship with another couple who were coming to our church. Yet, the husband was having problems with me, and I didn’t know about it.
One day the husband announced that he was leaving the small group because of personal issues with me. I admired his candor, honesty, and boldness to tell me what he was thinking. At the same time I was emotionally crushed because I didn’t have a chance to make amends, learn from my mistakes, and resolve the situation.
I felt pain and hurt in his departure, not because he had an issue with me, but because I wasn’t able to work through the issue with him. He didn’t give me the opportunity to change, improve, and grow as a person. He just left.
As I grappled with the situation, God showed me that true community involves working through problems and confronting the issues. We grow the most when we openly communicate with one another, receive guidance, make mid-course changes, and continue to grow in the relationship.
God works through conflict to transform His disciples. He uses it to mold and shape us. Conflict with our brothers and sisters tests our Christian character and ultimately forces us to our knees, asking for Holy Spirit help. In such times, we discover our need for God, knowing that we can’t love and forgive anyone apart from His powerful working within us.
It seems easier to run from problems, but running won’t solve them. Often people hop from church to church to avoid the pain of dealing with relational conflict. As soon as they’re known by the pastor and the people, they conveniently slip out to another church.
I counsel people not to run to a different church with unresolved pain and troubles. It’s best to stay put and allow God to work within the person. Mike Mason writes, “Lovelessness often results from an inability to confront others in a healthy way. There is a time and a place and a manner for confrontation, but most of us shy away from this important work and so end up simmering in quiet rage” (Mike Mason, The Practice of the Presence of People (Colorado Springs: Waterbrook Press, 1999, p. 154).
Avoidance is never the answer. Jesus molds us through the personality difficulties we face. And yes, we will face them.
Korean blog (click here)
Portuguese blog:
Não Fuja do Conflito
por Joel Comiskey, O Discipulado Relacional
Há alguns anos, eu liderava um pequeno grupo que eu sentia que estava indo muito bem. Minha esposa e eu estávamos crescendo em nosso relacionamento com outro casal que frequentava nossa igreja. No entanto, o marido estava tendo problemas comigo, e eu não sabia.
Um dia, o marido anunciou que estava deixando o pequeno grupo por causa de problemas pessoais comigo. Admirei sua franqueza, honestidade e ousadia em me dizer o que estava pensando. Ao mesmo tempo, fiquei emocionalmente arrasado por não ter tido a chance de consertar as coisas, aprender com meus erros e resolver a situação.
Senti dor e mágoa com a saída dele, não porque ele tivesse um problema comigo, mas porque eu não consegui resolver o problema com ele. Ele não me deu a oportunidade de mudar, melhorar e crescer como pessoa. Ele simplesmente foi embora.
Enquanto eu lidava com a situação, Deus me mostrou que a verdadeira comunidade envolve lidar com os problemas e confrontá-los. Crescemos mais quando nos comunicamos abertamente uns com os outros, recebemos orientação, fazemos mudanças no meio do caminho e continuamos a crescer no relacionamento.
Deus opera por meio do conflito para transformar Seus discípulos. Ele o usa para nos moldar e formar. O conflito com nossos irmãos e irmãs testa nosso caráter cristão e, por fim, nos força a nos ajoelhar, pedindo a ajuda do Espírito Santo. Nesses momentos, descobrimos nossa necessidade de Deus, sabendo que não podemos amar e perdoar ninguém sem a Sua poderosa obra em nós.
Parece mais fácil fugir dos problemas, mas fugir não os resolve. Muitas vezes, as pessoas pulam de igreja em igreja para evitar a dor de lidar com conflitos relacionais. Assim que o pastor e as pessoas tomam conhecimento deles, elas convenientemente vão para outra igreja.
Aconselho as pessoas a não correrem para uma igreja diferente com dores e problemas não resolvidos. É melhor ficar onde estão e permitir que Deus trabalhe dentro da pessoa. Mike Mason escreve: “A falta de amor muitas vezes resulta da incapacidade de confrontar os outros de forma saudável. Há um tempo, um lugar e uma maneira para o confronto, mas a maioria de nós se esquiva desse trabalho importante e, assim, acaba fervendo em uma raiva silenciosa” (Mike Mason, The Practice of the Presence of People [A Prática da Presença de Pessoas] (Colorado Springs: Waterbrook Press, 1999, p. 154).
Evitar nunca é a resposta. Jesus nos molda por meio das dificuldades de personalidade que enfrentamos. E sim, nós as enfrentaremos.
Spanish blog:
Transformados por el Conflicto
Por Joel Comiskey, Discipulado Relacional
En 2001, lideraba un grupo pequeño y sentía que todo estaba yendo muy bien. Con mi esposa estábamos creciendo en amistad con una pareja que venía a nuestra iglesia. Pero el esposo tenía problemas conmigo que yo no sabía.
Un día el esposo anunció que dejaba el grupo pequeño debido a problemas personales conmigo. Respeté su candor, honestidad y valentía para decir lo que pensaba. Pero al mismo tiempo me sentí aplastado emocionalmente porque no tuve la oportunidad de reparar la relación o aprender de mis errores.
Sentí pena y dolor con su salida, no porque tuviese un problema conmigo, sino porque no pude trabajar el tema consigo. No me dio la oportunidad para cambiar, mejorar, o crecer como persona. Simplemente se fue.
Mientras lidiaba con la situación Dios me mostró que una verdadera comunidad implica enfrentar problemas y confrontar temas conflictivos. Crecemos más al comunicarnos abiertamente, recibir dirección, hacer cambios en medio del camino, y continuar creciendo en las relaciones.
Dios obra por medio del conflicto para transformar a sus discípulos. Los usa para moldear y formarnos. Los conflictos con nuestros hermanos y hermanas nos prueban en nuestro carácter cristiano y finalmente nos fuerza a pasar tiempo en nuestras rodillas, pidiendo al Espíritu Santo por ayuda. En tales tiempos descubrimos nuestra necesidad por Dios sabiendo que no podemos amar y perdonar a todos sin Su poder obrando en nuestro ser.
Recuerdo a un predicador decir: “¿Desean aprender a amar a alguien?” Tenga un conflicto. Es en la esfera de los conflictos personales donde nuestro amor es probado. Conectarnos con Dios es la parte fácil. Después de todo es por gracia por medio de la fe. El paso más difícil es conectarse con las personas.
Los conflictos normalmente surgen al cruzarnos con diferentes personalidades y deficiencias de carácter—muchas veces las deficiencias de carácter que más nos molestan son las que compartimos, pero que muchas veces no queremos o no podemos reconocerlas. Podemos ver ira, impaciencia, murmuraciones, infidelidades o personalidades peculiares. Cuando enfrentamos esos problemas, la tendencia es huir o ignorar el problema. Muchos conocemos personas que nunca realmente enfrentan sus problemas interpersonales. Huyen de una relación rota a la próxima.
Jill (no su verdadero nombre) era así. Antes de Cristo, tenía una profunda depresión y trató de suicidarse muchas veces. Jesús cambió la vida de Jill, y comenzó a progresar grandemente, pero los problemas persistían.
Tenía problemas para comunicarse con otros y tenía la tendencia a culpar a los demás por sus propias deficiencias. Los problemas siempre eran la falta de otros. Yo sabía de la tendencia de Jill pero pensé que las relaciones entre nuestras familias era algo diferente.
Hasta que chocamos. Los problemas que ocurrieron podían ser resueltos. Probé muchas veces de reconciliarnos. No hubo acuerdo. Rápidamente juntó sus cosas y abandonó emocionalmente la relación y algo más tarde también la iglesia.
Muchas veces me pregunté por qué reaccionó de esa manera. ¿Podía ser un mecanismo de defensa retirarse para evitar más dolor? Ella usó ese mismo método con su madre que era deficiente mental, de manera que se había vuelto algo natural.
Jesús aún está obrando en Jill, y su historia no está terminada aún. El desea entrar en el tremendo vacío que hay en su corazón y sanarla completamente.
Es fácil huir de los problemas, pero eso no los resuelve. Muchas veces las personas saltan de iglesia en iglesia para evitar la pena de tratar con el conflicto relacional. Tan pronto como las personas o el pastor se enteran, convenientemente van a otra iglesia.
Mi consejo es que no huyan a una iglesia diferente con sus dolores y problemas no resueltos. Es mejor quedarse y dejar que Dios obre dentro de la persona. Mike Mason escribe: “El estado de desamor muchas veces es el resultado de nuestra inhabilidad para confrontar a los demás de una manera sana. Hay un tiempo y una lugar y manera para confrontar, pero muchos rehuimos esta importante tarea y terminamos todo en una explosión de ira” (The Practice of the Presence of People, p. 154) Escapar nunca es la respuesta. Jesús nos moldea por medio de la confrontación de dificultades de personalidades. Y, por cierto, las vamos a enfrentar.


0 Comments